
Las
personas que viven por una causa por lo general no son bien vistas en el mundo,
algunos le llaman radicales, subversivos, rebeldes y muchos más. La verdad es, que muchos de los cambios más
trascendentales de la humanidad han surgido de este tipo de persona. Ademas, estas personas se distinguen por ser
inteligentes, por ver cosas donde nadie las ve, señalan y dirigen con corazón, su vida se llena de mucho sentido y
fuerza. Son personas calculadoras, no
son vagas, ni postergan las cosas para mañana, ya que comprenden que la
oportunidad de hoy posiblemente no se repetirá.
Su lugar en la historia está asegurado por la pasión que demostraron por
su causa.
Usted, que
lee esto sabe que la sociedad de hoy ofrece muchos distractores que no nos
permiten enfocarnos más allá de un trabajo, un sueldo, una casa y todo lo que
conlleva una supuesta vida “normal”. La
mayoría de la gente carece de propósitos, viven postergando para mañana como si
fueran dioses que controlan el tiempo y el espacio. Están tan seguros de su “mañana” que su hoy
no tiene razón, ni visión futura. Muchos creen que algún “día pasará algo”, sin
darse cuenta que es una frase escapista de la responsabilidad que les
toca. Más aún, muchos aseguran estar en
control de su vida ignorando que todo lo que los rodea los controlan como
marionetas en las manos del titiritero, dejando pasar el valioso tiempo de
poder hacer algo que le llene la vida.
Otros pierden el tiempo miserablemente en cosas que a veces no están en
su control, y otros por la falta de carácter los mata el “ay bendito” de
nuestra cultura, no quieren ofender a nadie, olvidando asumir las posiciones que les corresponde.
La pregunta
es, ¿Cuál es tu causa?...tus problemas, tu vida…tus casa…tu economía? Aunque todas estas cosas tienen gran mérito y
requieren nuestra atención, la realidad es que en ocasiones nos abruman tanto
que nos quitan de perspectiva la suprema de las causas, EL EVANGELIO DE
JESUCRISTO.
"La
valorización académica del sacrificio de Cristo no es muestra genuina de un
verdadero arrepentimiento, esta debe ir acompañada de la práctica y el
testimonio”
De nada
vale decir que uno apoya una causa si no se envuelve en ella, el envolvimiento
demuestra el compromiso sobre la misma, es la expresión genuina de una
convicción del corazón expresada en actos, los cuales son testimonio al que
rodea de una verdadera comprensión de la causa.
Aunque las obras no salvan al hombre, la realidad es que las mismas
denotan que uno es salvado. En otras
palabras, vivir por una causa es el testimonio que algo paso en nosotros, que
Dios vino a morar a nuestra vida y que su Espíritu nos impulsa a hablar de él
en un mundo perdido por el pecado. Esa
es la causa, vivir para Cristo de la manera más genuina posible. Si viviéramos la causa de Cristo, como
defendemos nuestra razones, esto sería distinto, si la defendiéramos como cuidamos el dinero
que ganamos, si la tuviéramos en el lugar de nuestras grandes prioridades, creo
que tu vida y la de los que te rodean sería mejor.
La causa de
Cristo debe transcender tu vida, tu iglesia, tu círculo cercano, esta causa es
para todos y alternativa para los nuestros y el mundo. Si Cristo es tu modelo, recuerda algo grande
que dijo: “vine a salvar y buscar lo que se había perdido”, no importando la
muerte, Cristo cumplió su meta, con las palabras
“Consumado es” decía, "cumplí mi causa, logré mi propósito". Lo hizo por tí, por mí
y los miles que algún día darían el paso de fe.
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